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LA HISTORIA DEL ALGODÓN

Flor del algodón

El algodón ya era conocido por la Civilización del Valle del río Indo, civilización que se extendió desde el noreste de Afganistán, gran parte de Pakistán y el oeste y noroeste de India, desarrollándose alrededor del año 3300 a.C., hasta el año 1300 a.C., y en la que ya se trabajaba la lana y el algodón.

Valle del Indo

Un trozo de este tejido, procedente de la antigua ciudad del Valle del Indo, Mohenjo-Daro (actualmente Pakistán), es la prueba más antigua que demuestra su uso en el mundo antiguo.

En un documento egipcio, de la época de la dinastía Nabucodonosor, se le denomina “oro blanco” al algodón, al parecer, su nombre se debió a su color y a su gran valor en la época. También existen pruebas que la fibra textil también era conocida por los aztecas. 

La fibra se introdujo por los árabes en la España islámica (al-Andalus) y Sicilia en el siglo XII, y, como otras muchas palabras que empiezan por el prefijo “al-”, su nombre en árabe es “al-qutun” (el-algodón). De dicho término deriva “cotton” en inglés, “coton” en francés y “cotone” en italiano.

Las distintas conquistas coloniales condujeron a su cultivo intensivo en Luisiana a inicios del siglo XVII, lo que supuso un gran crecimiento en el tráfico de esclavos desde África. 

La industrialización en la producción del algodón tuvo un papel destacado en la segunda mitad el siglo XVIII durante la Primera Revolución Industrial, constituyéndose en la actividad principal de dicho proceso al incorporar importantes innovaciones en la fabricación del hilado y del tejido. Destacando la invención del primer telar mecánico moderno en 1785 por el inglés Edmund Cartwright, mecanismo que fue perfeccionado durante los tres años siguientes.

Revolución industrial textil

El acabado más conocido que se aplica al algodón es el mercerizado, descubierto por el químico John Mercer a mediados del siglo XIX, concretamente en el año 1844. El proceso se realizaba a base de sosa cáustica (hidróxido sódico o de sodio), aplicándose a los hilos o tejidos de algodón. 

Este tratamiento permitía reducir el tamaño del tejido, incrementar su resistencia, y favorecer su posterior teñido, así como el mantenimiento de los colores por el paso del tiempo. Este proceso adquirió popularidad gracias al británico H.A. Lowe, quien descubrió en el año 1890 que si las fibras se tensionaban durante el proceso, no sólo no encogían, si no que adquirían un acabado brillante. A este algodón mercerizado se le conoce como perlé, del inglés pearl.   

En los últimos años ha aparecido la vertiente ecologista del algodón orgánico o biológico, como consecuencia de los cultivos que no emplean sustancias químicas y, por consiguiente, consumen menos agua. Este tipo de algodón reduce las posibles reacciones alérgicas, es más suave, permite contribuir a la conservación del medio ambiente, y fomenta la economía justa. 

Algodón orgánico

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